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22 de septiembre de 2016

Los 4 jinetes del Apocalipsis profesional

¿SABES CUÁNTO TIEMPO VAS A ESTAR MUERTO? Cuando leyendo el libro de Dyer, Tus zonas erróneas, el autor planteó esta pregunta, tuve que parar la lectura. No es usual que una cuestión te turbe tanto como conmigo lo hizo esta. Seguro que tú cuando has leído el título has tenido la misma sensación de desasosiego, de rápida reflexión sobre algo que posiblemente no te habías planteado hasta ahora.  No te voy a tener más tiempo en vilo y te voy a contestar: vas a estar muerto toda la eternidad. Sí, una vez que fallezcas ya no volverás a estar vivo nunca más. No habrá vuelta atrás, como cuando estás en la cola del supermercado y de repente te acuerdas de que se te olvidó coger un bote de tomate del segundo pasillo y allá que vas para luego volver a pasar por caja. En cuestiones sobre vida y la muerte, una vez que se pasa por caja, no hay retroceso que valga. O sea que más te vale meter en la cesta todo aquello que vayas necesitando en la vida para ser feliz: desde una familia unida, unos amigos excepcionales o decenas de momentos repletos de alegrías, hasta un buen puñado de éxitos profesionales que te hagan crecer y te hagan sentirte orgulloso de lo que realmente vales. 

Fijémonos en estos últimos. Que levante la mano aquel que aun sabiendo que tiene un proyecto o un plan perfecto que emprender ha sido incapaz de llevarlo a cabo. Es más, ni siquiera se ha visto con fuerzas de compartirlo con otros. ¿Por qué? Antes de continuar, te quiero presentar a alguien. Por si no los conocías, estos son los cuatro jinetes del Apocalipsis profesional, esos que van a estar siempre acompañándote, cohibiendo tus decisiones e impidiéndote actuar con total libertad: 

 - La PREOCUPACIÓN 

- El TEMOR 

- La cuestión de si “ME LO PUEDO PERMITIR O NO”

- La CULPABILIDAD frente al fracaso. 

Como compañía no es que sea la mejor, de hecho siempre que puedan darte la lata, lo harán. Son pocas las personas que no tienen que batallar con ellos prácticamente a diario. Ser fuerte y ganarles la guerra está en ti, y sobre todo en la importancia que te des a ti mismo. Como te decía líneas atrás, hay situaciones en las que aun sabiendo que tus ideas son maravillosas, esos cuatro personajes se te han aparecido con sus flamantes armas dándote de bofetadas e impidiéndote moverte de tu “zona de confort”. Te doy algunos ejemplos. 

- Tienes un proyecto de una actividad conjunta que llevar a cabo en tu Centro que depende de la aprobación del resto del Departamento, del Claustro o de la Dirección. 

- Ideas nuevos métodos para luchar contra la desmotivación del alumnado. 

- Estás interesado en formarte en nuevas metodologías e incluso en aprender el uso de diferentes herramientas para salir de la monotonía y acercarte más a los intereses reales de tus alumnos. 

Todos estos planes eran estupendos en tu cabeza. Los veías, sonreías y pensabas en lo maravilloso que sería si todo saliera bien. Pero es en ese momento cuando te atacan, haciendo que esa creatividad excepcional que había dado a luz a brillantes ideas y que te había puesto en el camino adecuado, se quede oscurecida. De hecho, hay veces que ni te atreves a compartir tus nuevos proyectos con nadie. ¿Por qué? Básicamente por la preocupación; el temor; la cuestión de si yo me puedo permitir o no exponer esta idea en este momento; y la culpabilidad ante el fracaso. Ahí los tienes, a los cuatro juntitos, haciendo piña para hundir tus ideas una vez más. 

 ¿No crees que va siendo hora de hacerlos frente? ¿Cuántas cosas has ido dejando por el camino por no luchar contra estos miedos? ¿Cuántas veces te arrepientes de lo que podrías haber hecho y no hiciste por no enfrentarte a ellos? 


Te voy a hacer una pregunta más: ¿qué es para ti una persona inteligente? Otra cuestión que se las trae ¿verdad? Se podría definir de tantas maneras…. Un psicólogo tan famoso como Wayne Dyer, al que mencioné al principio, define a las personas inteligentes como “los seres humanos que reconocen los problemas como algo que es parte de la condición humana y no miden la felicidad por la ausencia de problemas”. Y añade “cuando aprendas que puedes sentir lo que prefieres o eliges sentir, empezarás a encaminarte por la verdadera senda de la inteligencia”. Vaya, toda una lección para la vida ¿no crees? Ni cociente intelectual ni cuestiones por el estilo, la inteligencia para él significa una cosa bien diferente. Te hace pensar ¿verdad? Estoy segurísima de que nunca habrías hecho una definición ni remotamente parecida de lo que es ser una persona inteligente. 

Sin embargo, algo que parece tan sencillo de decir, no lo es tanto de conseguir. Elegir el cómo te sentirás lleva un esfuerzo psicológico impresionante, principalmente porque no hemos sido educados en ello. Se trata de cambiar todos nuestros esquemas mentales. Pero siempre se debe intentar. Recuerda que es extraño que te arrepientas por algo que has hecho, pero de las cosas que no has hecho ¡ay! esas te atormentarán siempre. Por tanto, el mensaje es bien sencillo: sea lo que sea lo que tengas en tu cabecita ¡hazlo! Crecer como persona es un indicador de estar vivo, si dejas de crecer y desarrollarte, es igual que si estuviera muerto. ¿A qué esperas para crecer?

19 de septiembre de 2016

7 tips que te convertirán en un lector más hábil

Vivimos inmersos en una vorágine de lecturas que, en ocasiones, no sabemos cómo gestionar. Ya no sólo leemos libros y artículos, las redes sociales llegaron para quedarse y cada día nos tenemos que enfrentar a decenas de publicaciones en Twitter, Facebook, Google +, LinkedIn… que hacen que estemos informados a tiempo real de todo lo que está pasando en el mundo. Sin embargo, a pesar de que el volumen de cosas que queremos leer ha aumentado considerablemente, no lo ha hecho el número de horas de nuestros días. Convertirnos en lectores más ágiles es casi una obligación, sobre todo si somos de los que día tras día ocupamos las horas leyendo publicaciones de considerable extensión. Si en más de una ocasión te has sentido frustrado por no ser un lector más hábil, aquí tienes 7 consejos que te ayudarán a mejorar: 

1. ELIGE ADECUADAMENTE LA LUZ, EL LUGAR Y TU POSICIÓN. Esta es una recomendación que no todos podemos aplicar a nuestro día a día. Ojalá estar siempre cerca de un buen sillón donde acomodarnos y una espléndida lámpara que ilumine adecuadamente las letras. Por desgracia, nuestro ritmo de vida hace que acabemos leyendo en cualquier lado y de cualquier postura. Aun así, ten en cuenta este tip siempre que puedas. Cuando tu cuerpo está cómodo y, sobre todo, cuando no tienes que forzar demasiado tu vista debido a una pobre iluminación, la lectura se convierte en una actividad mucho más sencilla para nuestro cerebro. Elige siempre una luz directa y una posición adecuada en una silla, con los pies tocando firmemente el suelo. 

2. SÉ CONSCIENTE DE PARA QUÉ ESTÁS LEYENDO EL TEXTO. Aunque pueda parecer un consejo insustancial, no lo es. Los resúmenes situados al comienzo de los artículos y en la contraportada de un libro, así como las breves biografías de los autores, que también se incluyen en algunas obras, tienen una clara finalidad: preparar al lector. Después, hazte preguntas que traten de resolver el para qué estás leyendo el texto. Si te saltas este paso y comienzas a leer sin saber nada sobre el tema al que te vas a enfrentar y sin tener clara la finalidad para la que estás leyendo, lo más probable es que te cueste entender el texto. Harás más paradas para razonar mejor cada una de las frases y darles el sentido adecuado y esto impedirá que tu lectura sea todo lo rápida que te gustaría. Teniendo claras estas premisas, notarás cómo tu capacidad de comprensión aumenta significativamente. 

3. HAZ UN CALENTAMIMENTO PREVIO. El calentamiento previo no es algo que debamos hacer exclusivamente antes salir a correr, montar en bicicleta o nadar. Al enfrentarnos a un texto largo, nuestros ojos trabajan en exceso. Por ello, es conveniente hacer ejercicios que los preparen para la actividad que van a realizar. Así evitarás que se cansen rápido y empieces a notar molestias al cabo de unas horas. Aquí tienes uno de los muchos ejemplos de ejercicios para los músculos oculares que puedes realizar antes de la lectura.

4. EVITA LOS MOVIMIENTOS DE CABEZA, LENGUA Y LABIOS. Si cuando estás leyendo, involuntariamente también estás moviendo la cabeza siguiendo el renglón, o la lengua y los labios reproduciendo palabras sin sonido, estás cometiendo un grave error que entorpece considerablemente la rapidez con la que te enfrentas a un texto. Piensa que si tu cerebro tiene que encargarse no sólo de la lectura sino también del movimiento de cabeza, lengua y labios, estará menos concentrado en lo que estás leyendo. Si no eres consciente de que realizas estos movimientos, coloca un lapicero en la boca y fíjate en si este se mueve o no, intentando corregir la mala práctica. Minimizando al máximo acciones secundarias como estas, ayudarás a que tus lecturas sean más ágiles. 

5. EVITA LA VOCALIZACIÓN DE TU VOZ INTERIOR. Recitar lo que estás leyendo con tu voz interior sólo consigue reducir tu velocidad de lectura. La velocidad con la que hablamos es menor que con la que pensamos. Evita convertir la lectura en un texto hablado, y deja que tu cerebro procese la información de manera más visual, así ganarás fluidez. 

6. USA UN MARCADOR. Cuando un niño empieza a leer siempre se le recomienda que siga la lectura con el dedo o con un lapicero. A medida que crecemos, el seguir usándolo se ha considerado como un signo de inmadurez lectora. Sin embargo, usar una guía ayuda a nuestros ojos a fijar la atención en el texto según lo vamos leyendo, permitiendo que el cerebro trabaje de manera más fluida. No sólo eso, nos puede ayudar a leer más rápido o más lento según la velocidad con la que lo movamos. La próxima vez que te enfrentes a un texto largo, no lo dudes y coge un bolígrafo que puedas usar como marcador. Notarás la diferencia. 

7.  UTILIZA LA TÉCNICA DEL POMODORO. La técnica del Pomodoro se basa en trabajar sin distracciones durante 25 minutos. Una vez que se ha completado este tiempo, se dejan 5 minutos libres para dedicarlos a cualquier otra actividad que no tenga nada que ver con el trabajo que estábamos haciendo: leer correos, hablar con amigos, preparar un té, revisar nuestras redes sociales…. Después, se vuelve a trabajar sin interrupciones durante otro periodo de 25 minutos. El objetivo es mejorar nuestro rendimiento basándonos en aquellos estudios que defienden que cada cierto tiempo hay que dejar que el cerebro desconecte de la actividad que está haciendo, se refresque con otras, y vuelva al trabajo inicial más descansado. En el mercado existen innumerables App´s que se basan en la administración del tiempo según este método. No hay excusa para no empezar a hacerlo, aunque te he de advertir que no todo el mundo se adapta a trabajar según estas divisiones temporales. Prueba, calcula donde están tus límites y ajusta los minutos de trabajo y descanso si es necesario. Con el tiempo verás los resultados. 

Estos 7 prácticos consejos te ayudarán a convertirte en un lector más hábil. Si dedicas tiempo a ser consciente de cómo lees y cómo divides el tiempo en el que realizas esta actividad e intentas mejorarlo, al cabo de unas semanas comenzarás a ver cómo la agilidad con la que te enfrentas a un texto mejora de manera significativa. 

18 de marzo de 2016

Crear lectores: la Literatura al servicio del placer

Siempre me ha encantado leer. Desde que era un renacuajo me recuerdo pegada a un libro, una revista, un folleto. Tenía una especial adicción por el papel que todavía no he podido superar. Todas las lecturas que caían en mi mano me apasionaban, a pesar de que a los cinco minutos descubriera que muchas de ellas no valieran la pena, pero yo simpre les daba un voto de confianza. Hasta que llegué a Secundaria. Y me obligaron a leer. Eso de que te fuercen a hacer algo creo que no nos gusta a ninguno, y menos cuando eres adolescente y tienes un punto de rebeldía que espera la mínima oportunidad para hacerse notar. Si por lo menos me hubiesen impuesto lecturas interesantes, las habría devorado sin rechistar, pero ¡ay, de los libros que nos mandaban!. Sin esperarlo, me vi inmersa en una batalla en la que luchaba por seguir manteniendo mi amor incondicional por la literatura. Y la perdí. Me hicieron odiarla hasta tal punto de que tardé años en recuperar mi pasión por ella. Consiguieron algo inaudito. Por fortuna, años más tarde volví a recuperar la ilusión por los mundos imaginarios que me ofrecían las páginas de papel. No corrieron mejor suerte mis compañeros que ya venían con un rechazo de serie hacia todo lo que supusiera tenerlos alejados de la televisión por unos minutos. Me figuro que algunos de ellos incluso habrá desarrollado algún tipo de alergia que les impide acercarse a cualquier librería. Y no me extraña lo más mínimo. Por eso, cuando leí un artículo que afirmaba que los españoles leíamos muchísimo menos que los ingleses ya que a nosotros nos mandaban libros infinitamente más aburridos, no me extrañó lo más mínimo.
 

Me enervo sólo de pensar en la cantidad de potenciales lectores que se han perdido y se siguen perdiendo ahogados en el fango de "los grandes clásicos de la Literatura". Muchos profesores dirán que esto que acabo de decir es una barbaridad. Que estas lecturas son imprescindibles para acercarse a los diferentes periodos que se estudian y que, además, fomentan la cultura. Desde mi humilde opinión, someter a alumnos a la lectura de obras como La Celestina, El Cantar del Mío Cid o Fuente Ovejuna sin tener la necesaria perspectiva histórica para comprenderlas es una tortura que debería estar penada por la ley. En Inglaterra lo saben y los propios profesores, a través de TES, una de las páginas de encuentro de miles de docentes del país, han publicado una lista de los 100 libros que consideran que se deberían leer antes de terminar la Educación Secundaria. En ella, sorprendentemente, no está ninguna obra Shakespeare, pero sí toda la saga de El señor de los Anillos, El Hobbit y Harry Potter. Eso sí que es fomentar el amor a la lectura ¿eh?. Deberíamos, por tanto, plantearnos un objetivo diferente: CREAR LECTORES. Y para ello no necesitamos que deglutan obras que ni los profesores leeríamos en nuestro tiempo libre. De lo que precisamos es de libros que les mantengan enganchados al papel o a la pantalla del ordenador, del móvil o del ereader. Algo que consiga el mismo milagro que la televisión: mantenerlos horas sin pestañear ante algo que les tiene completamente absorbidos. Esa es la esencia de la Literatura y el objetivo por el que se creó. No me imagino a ningún gran autor escribiendo sin cesar sabiendo que va a ser odiado siglos después por creaciaciones porque, entoces, seguro que más de uno hubiera dejado la pluma aparcada y se habría entregado a otro tipo de placeres. Está en nuestras manos cambiar esas desastrosas estadísticas del CIS donde no nos queda más que bajar la cabeza ante la evidencia de que más de dos tercios de la población de nuestro país o no leen o no superan la mínima cantidad de cuatro libros al año. Quizás el plantearnos listas con obras como las que proponen en otros países, donde ya se han dado cuenta del gran error de intentar infundir hábitos de lectura proponiendo tomos soporíferos, sea la solución que muchos adolescentes estén esperando. ¡Convirtamos la lectura en un placer!

 

2 de marzo de 2016

¿Qué hace la mente cuando no hace nada?

¿Te habías hecho alguna vez esta pregunta? Pues aquí tienes la respuesta: cuando tu mente no tiene nada en lo que pensar DIVAGA. Sí, sí...va de un lado a otro y empieza a generar pensamientos e imágenes que tienen tres características básicas:
1. Son automáticos, es decir, no los puedes controlar. Se escapan de tu voluntad
2. Son de pasado o de futuro. No se centran en el momento presente.
3. Buscan el control de la situación. Están desesperados por encontrar la certidumbre.

Y, lo creas o no, la mayor parte del tiempo nuestro cerebro se encuentra en este modo que nos viene "de fábrica", generando estos pensamientos sin cesar. Aún así, tengo una buena noticia y es que todo esto tiene un lado positivo: la creatividad, mayoritariamente, nace cuando nos encontramos en este estado. ¿Recuerdas el famoso momento de "¡EUREKA!"?
Pues nunca se habría dado si no fuera porque Arquímedes, en ese momento, tenía su cabeza en las nubes, alejada por completo de la realidad. De hecho, estaba totalmente repantingado (si Arquímedes me permite esta expresión) en su bañera, pensando en que si ¡uy, que me meto y se sale el agua! ¡anda qué, voy a poner esto perdido! ¡será posible! cuando de repente ¡eureka! ¡descubrió que el volumen del agua que se desbordaba sería equivalente al volumen de su cuerpo cuando se sumergía! Y así salió de la bañera, feliz por existir, completamente desnudo gritando con gran entusiasmo la famosa palabrita. 

Sin embargo, no todas las historias de divagación mental acaban convertidas en principios científicos como el de Arquímedes. De hecho, la mente del resto de los mortales, cuando divaga, lo que hace es anticipar problemas y dificultades, preocuparse por algo que dejó pendiente.... Quiere tener el control completo de una situación y, por ello, activa un modo de alarma que nos lleva a un estado de ansiedad y estrés que, en algunos casos, se prolonga en el tiempo causando depresiones.


¿Qué hace la mente cuando divaga sobre una preocupación? Martin Reynoso, en el vídeo que te adjunto, nos dice que se centra en TRES "F":
1. FLY. Quiere escapar a toda costa, se quiere ir, volando como un pajarillo aterrado. 
2. FIGHT. Pelea y pelea por intentar conseguirlo. 
3. FREEZE. Se colapsa. Se queda como congelada y no hace caso a las señales de calma que podamos mandar. Esto deriva en una angustia excesiva que, como ya hemos adelantado, puede derivar en problemas mucho más graves. 

¿Qué podemos hacer para evitarlo? Nada más y nada menos que recurrir a la ATENCIÓN PLENA

¿En qué consiste la atención plena? Eso te lo va a contar Martin Reynoso en este vídeo que, además incidir en todo lo que ya te he contado, te propone un interesante ejercicio, muy breve, para que empieces a entrenarla porque, sí amig@s, es una capacidad que se puede moldear como si fuera un músculo. Sólo se requiere de un entrenamiento previo del cerebro. Pero mejor que te lo explique él...


19 de febrero de 2016

La importancia de la empatía

Hace unos meses, leía un interesante artículo que Ana Sáenz de Miera, la directora de Ashoka España, escribía para Forbes. Lo tituló "Por qué quiero que mis hijas aprendan empatía en vez de chino" y en él plasmaba la opinión de una madre preocupada por la educación de sus hijas. No hablaba, como otros muchos lo hacen, de lo necesario que es enseñar a los niños cada vez más y más contenidos relacionados la programación, la robótica, las matemáticas, los idiomas... sino que manifestaba su preocupación por algo que nuestro sistema educativo estaba pasando por alto: la empatía. Y es que parece que hemos olvidado que si esta empieza a brillar por su ausencia, nuestra sociedad se convertirá en un lugar poco grato para compartir nuestra existencia. 

Quizás la definición de "empatía" nos lleva a pensar que está únicamente relacionada con la actitud que tenemos hacia los demás, sin embargo, es un término que va mucho más allá. No sólo se trata de ceder un asiento en el Metro, de presentarnos a un programa de voluntariado, o de donar algo a quien más lo necesita. Según la autora de este artículo, la empatía es clave para conseguir el éxito personal. Y es que ¿cómo vamos a trabajar en equipo si carecemos de este sentimiento? ¿cómo vamos a formar una empresa exitosa si no nos ponemos en la piel de nuestro comprador y somos conscientes de sus necesidades? o, en nuestro caso, ¿cómo vamos a transmitir la pasión por nuestra profesión si no tenemos en cuenta los intereses de nuestros alumnos?
Todas esta preguntas llevan siendo planteadas años y años en algunos países que no han dudado en hacer que la empatía forme parte de las actitudes que hay que fomentar dentro del aula. En España parece que nos está costando algo más el darnos cuenta de que lo importante no sólo está en la memorización de contenidos, sino en la construcción de una personalidad fuerte y competente para los tiempos que corren. El Gobierno de Canarias parece ser el pionero en la creación de materias de este tipo y en este 2016 los alumnos ya pueden estudiar la asignatura de "Educación Emocional y para la Creatividad". Todo un avance digno de mencionar que se justifica por la "necesidad de atender, desde un punto de vista educativo, al relevante papel que las emociones y la creatividad juegan en la escuela"  y es que ¡buenas noticias! la empatía se puede practicar, aprender y hacer que forme parte de nuestra personalidad. Sólo hace falta disponer de la voluntad apropiada. 
Como bien expresa la autora, "de nada sirve que alguien sea un buen orador, si no es capaz de darse cuenta de que lo que está comunicando no interesa. La empatía en acción nos lleva a innovar y nos hace más pragmáticos y exitosos. Más felices. Y además nos ayuda a que el mundo vaya mejor"

9 de febrero de 2016

"¿Por qué en lugar de darnos pastillas no intentan motivarnos?": la Educación explicada por un niño

En tan sólo un minuto y medio que dura el vídeo, este niño te explica el gran problema que vive el sistema educativo en nuestros días: la falta de motivación. Las razones que da son tan lógicas que parece increíble que hayamos caído en la trampa de que el verdadero asunto a tratar son hipotéticos trastornos neurológicos del alumnado (como el TDAH, cuyo "creador" confesó antes de morir que era una enfermedad ficticia que él mismo inventó). 
La clave está en ser conscientes del mundo en el que nuestros alumnos están creciendo e integrarlo en el día a día en el aula. No es una tarea sencilla y menos cuando hay tantas exigencias del exterior que te obligan a cumplir con unos objetivos antes de llegar al final del curso. Pero no por eso debemos dar la espalda a la innovación y hacer que la Educación esté cada vez más alejada de los intereses de los niños y adolescentes. Hay que conseguir integrar en nuestras aulas todo aquello que el alumno anhela fuera de ellas. 

28 de enero de 2016

La burocracia, esa gran enemiga.



Qué pena me da leer artículos como este, en el que te das cuenta de las cosas a las que cualquier docente se tiene que enfrentar día tras día y te paras a pensar en el tiempo que pierdes en muchas tareas que, al fin y al cabo, tienen poca o ninguna utilidad y que no te permiten sacar tiempo para innovar, para crear, para ser lo que de verdad eres: PROFESOR.

David Graeber, en su libro "La utopía de las normas: De la tecnología, la estupidez y los secretos placeres de la burocracia", abordó esta problemática y es increíble ver cómo llega a la conclusión de que someternos a este inexplicable ir y venir de papeles no es nuevo ni mucho menos.
Tiene sus antecedentes más cercanos en la Unión Soviética y "es una manera de asegurarse de que estamos demasiado monotorizados, cansados y ocupados como para hacer preguntas o sublevarnos" además de dañar, poco a poco, la motivación del trabajador, que pasa horas interminables haciendo tareas "que secretamente cree que no tienen sentido". No os voy a engañar. Después de leer esto me quedé con la boca abierta. Nunca me había parado a pensar que pudiera haber objetivos tan maquiavélicos detrás de tantas horas y papel teñidos de aburrimiento. Llamádme inocente, pero es una posibilidad que ni siquiera había aparecido por mi cabeza. 
Sin embargo, lo peor estaba por venir. El autor afirma que, tras hacer una entrevista sobre el tema a varios compañeros profesores, se encontró con respuestas que le llevaron a pensar que se trata de una manera eficaz de obviar responsabilidades que exigen mayor esfuerzo mental y creativo. Y esto ya es para reflexionar. Para sentarte unos minutos en el sofá y ver si alguna vez has caído de verdad en esa trampa mental para consolarte, para autoconvencerte de que todo el tiempo que te están robando y que no te permite dedicarte plenamente a lo que de verdad amas, en realidad sí que sirve para algo. Que alguien en un lugar remoto lo va a valorar, incluso más que tus alumnos tu trabajo en el aula o sus padres tu trabajo con sus hijos. 

Sea como fuere, si en algo creo que todos coincidimos es que nuestro trabajo no lo vamos a mejorar rellenando papeles, ni mucho menos. Detrás de nuestros grandes logros tendremos a otros aliados muy diferentes como la pasión por lo que hacemos, el esfuerzo constante, la formación continua, y las ganas que, día tras día, nos llevan a querer ser mejores profesores.

21 de diciembre de 2015

No matéis la creatividad

Me maravilla Ken Robinson. Me entusiasma la manera que tiene de contar sus experiencias porque transmite algo que no todos los profesores saben hacer: sentir el amor infinito que tiene hacia su profesión. Cuando escucho alguna conferencia o leo algún libro o artículo sobre Educación, la mayoría de las veces me encantaría poder conversar con los docentes que exponen ahí sus ideas, debatir sobre sus experiencias y las mías, aprender de ellos, en definitiva. Pero pocos son los que llegan a conseguir algo inaudito: que quiera retroceder años y años para volver a sentarme en un pupitre verde como alumna suya y poder experimentar de primera mano todo lo que exponen públicamente. Y Ken Robinson lo consigue. Sólo por hacerme sentir ese deseo incontrolable ya le considero un docente de 10. 




¿Sabéis por qué? Porque he crecido en una generación en la que creo que todos tenemos la sensación de que nuestro potencial no fue explotado lo suficiente. Y siempre me di cuenta de eso, aunque como yo era la típica empollona que no tenía problema con las notas, no reflexioné más sobre el tema. No sentí la ira que puede llegar a sentir un niño que sabe que es excelente en otros campos y que sólo le están juzgando en el que se le da peor. En la asignatura de Tecnología de 1ºESO fue cuando me di cuenta de lo frustrante que puede llegar a ser estar inmerso en un sistema educativo totalmente obsoleto. Recuerdo que un amigo con el que llevaba compartiendo clase desde Infantil era un auténtico crack en el tema de la tecnología y la electrónica. Hacía cosas que no eran propias de un niño de la ESO (o al menos de un niño de la ESO en esos años en los que la robótica no estaba tan de moda como ahora). De hecho, con 12 años, era la primera vez que veíamos temas de esa materia. Pero él, un apasionado de ese campo, había investigado por su cuenta, había aprendido de amigos, de familiares…y por ello era incluso capaz de crear sin ayuda autómatas sencillos. A todos nos dejaba con la boca abierta cada vez que llegaba la Navidad y montaba en su casa un Belén en el que todas las piezas o bien movían los brazos, o las piernas, o emitían sonidos…era impresionante. Yo le admiraba por ello. Pero en la escuela nadie le premió por sus capacidades. Nadie se fijó en que ese niño desbordaba creatividad y pasión. Allí le obligaban a memorizar, y él no estaba hecho para la memorización, estaba hecho para la acción. Y suspendió la asignatura. ¡Él, que era para el resto de mis compañeros de clase una especie de Dios de la tecnología, suspendió! Y yo, que soy torpe incluso para cambiar una bombilla, saqué un sobresaliente. ¿Por qué? Porque el profesor obvió la creatividad. No creía que esta cualidad tuviera la suficiente importancia en la materia que impartía como para puntuarla de manera positiva. Es algo totalmente escandaloso, lo sé. Incluso me da vergüenza contar un ejemplo tan claro de cómo un mal docente puede actuar. Estoy segura de ese chico hubiera llegado a ser un ingeniero excelente, pero abandonó el colegio lo antes que pudo porque ni siquiera encontraba una recompensa positiva en la única asignatura que amaba. En fin, dejo a un lado las anécdotas de mi vida que tanto me gusta contar, para dar la voz a Ken Robinson. Si habéis tenido la oportunidad de leer o escuchar algo sobre él, sabréis que su nombre va ligado al de “creatividad”. Aquí os dejo una de sus más conocidas charlas que pronunció en TED hace ya unos cuantos años, en 2006, pero que aun así sigue siendo igual de inspiradora.





Profe, ¿y esto, para qué sirve?

Hace no mucho tiempo leí en el conocido libro de Dyer, Tus zonas erróneas, que “vivimos en una cultura que quita importancia al presente, al ahora”. El autor se refería a la cantidad de veces que hemos postergado la felicidad del hoy pensando en la felicidad del mañana. Sin embargo, cuando yo leí estas palabras, para mí adoptaron un significado totalmente diferente. Permitidme que os cuente un episodio de mi vida que transformó mi futuro.

En  el colegio, yo era una niña adorable a la par que insoportable. Me interesaba por todo lo que dábamos en clase, pero en ocasiones mi interés rozaba límites que podían resultar agobiantes. Quería saber qué sentido tenía todo lo que aprendía y cómo podía aplicar en mi vida todos los conocimientos que me estaban obligando a asimilar. Y si no conseguía un argumento convincente, no cesaba en mi empeño hasta sacar a mis maestros una respuesta medianamente aceptable. Los años pasaron y esta manía mía de continuar preguntando para qué servía lo que estábamos estudiando también continuó. Era tan difícil deshacerme de ella que la adopté como una parte de mí y aquí está, acompañándome aún hoy en mi día a día. 

Retrocediendo algunos años, mi “yo” adolescente se encontraba cursando Bachillerato. Tenía clarísimo que iba a estudiar algo relacionado con los números porque me encantaban las Matemáticas. Decidí decantarme por Administración y Dirección de Empresas, una carrera muy de moda en esos años. Estaba firmemente convencida de que esa era mi vocación. Ay, de mí. Pero este no es el tema, el tema es que yo era una loca de los números, pero loca hasta el punto de que en mi tiempo libre me divertía coger mi vieja pizarra y ponerme a hacer operaciones, resolver problemas…lo mío no era normal, lo sé. Pero era algo que me apasionaba.

Y, como os decía, llegó el momento de cursar primero de Bachillerato. La asignatura se fue complicando hasta el punto de encontrarme con cosas que para mí no tenían ningún sentido. Me esforcé mucho, pero muchísimo en intentar averiguar qué uso podía dar a todo lo que estaba viendo tema tras tema. Y no lo encontré. Y pregunté. Vaya que si pregunté. Decenas de veces. Me aferraba a la idea de que las Matemáticas no podían dejar de gustarme ¡¡pero si yo era la reina de las Matemáticas en mi clase!! ¿¿cómo iba a dejar de apasionarme mi asignatura favorita ahora que sólo me quedaba un año para decidir la carrera que más me convenía estudiar?? Lo pasé fatal porque por más que preguntaba al profesor para qué servía todo lo que estábamos viendo, él sólo me contestaba que esperara a que avanzáramos más para poder comprenderlo.

Y tanto avanzamos que el cursó acabó y mi pregunta no se contestó. Simplemente recibí un “ya lo verás el año que viene” como respuesta. Pero al año siguiente no lo vi, porque ya había dado demasiadas oportunidades a una asignatura que me había dejado de atraer. Elegí la rama de Humanidades en Segundo de Bachillerato y corté de raíz con mis amados números. Y mi vida cambió, cambió tanto que de querer estudiar Administración y Dirección de Empresas pasé a querer ser historiadora (pero que quede claro que también amaba la Historia, pero no es sencillo tener que decir a tus padres que quieres estudiar una de las carreras con las tasas de paro más altas, por eso al principio me decanté por la otra).

Al poco tiempo descubrí una vocación que al parecer era un secreto a voces para toda la gente que me conocía: ser docente. Y ahora puedo decir que gracias a ese pésimo profesor que no supo dar respuesta a mi insistente pregunta sobre la utilidad de su asignatura soy muy feliz.


Pero esta no es la moraleja de esta anécdota sobre mi vida. La moraleja es que mi profesor no era consciente de la importancia que tiene el presente, el aquí, el ahora. Él confiaba en que podía postergar la respuesta a mi pregunta semanas y meses y que yo seguiría teniendo la misma pasión que tenía por su asignatura. Pero se equivocó. Vivimos continuamente dejando nuestras elecciones en manos del futuro, sin darnos cuenta de la importancia del presente. Para mí, el que ese señor de mediana edad y barba blanca diera poca importancia a mi presente hizo cambiar mi vida entera. 



Este que os muestro es sólo un ejemplo de los miles que os podría dar. Vosotros en las clases habéis vivido, vivís y seguiréis viviendo decenas de ellos. Así, nunca, nunca, nunca minusvaloréis lo importantes que podemos llegar a ser para nuestros alumnos. En muchas ocasiones tenemos su futuro en nuestras manos, y no nos damos cuenta de ello. Por ello, es vital dar importancia al presente de nuestros estudiantes. Nosotros hemos crecido, Peter Pan decidió abandonarnos hace tiempo y ahora vivimos pegados a un reloj y un calendario a los que somos adictos. Planificamos, posponemos, imaginamos, acordamos…todo pensando en el futuro. Pero para nuestros niños y adolescentes sólo existe el presente. No podemos tener el atrevimiento de obviar esto. Mi historia acabó con final feliz, pero la de muchos no. Otros acaban odiando las asignaturas, a los profesores, la escuela y acaban tirando la toalla por falta de motivación, porque no sienten que estén haciendo nada provechoso con sus vidas.


Si os encontráis a alguien tan indefenso como mi “yo” adolescente haciéndoos la pregunta de “¿para qué sirve esto que estamos estudiando?” no le ignoréis, por favor. No toméis la pregunta como un ataque a vuestra asignatura o a vuestro trabajo. Tomadlo como una respuesta para mejorar su futuro.