Hace unos meses, leía un interesante artículo que Ana Sáenz de Miera, la directora de Ashoka España, escribía para Forbes. Lo tituló "Por qué quiero que mis hijas aprendan empatía en vez de chino" y en él plasmaba la opinión de una madre preocupada por la educación de sus hijas. No hablaba, como otros muchos lo hacen, de lo necesario que es enseñar a los niños cada vez más y más contenidos relacionados la programación, la robótica, las matemáticas, los idiomas... sino que manifestaba su preocupación por algo que nuestro sistema educativo estaba pasando por alto: la empatía. Y es que parece que hemos olvidado que si esta empieza a brillar por su ausencia, nuestra sociedad se convertirá en un lugar poco grato para compartir nuestra existencia.

Todas esta preguntas llevan siendo planteadas años y años en algunos países que no han dudado en hacer que la empatía forme parte de las actitudes que hay que fomentar dentro del aula. En España parece que nos está costando algo más el darnos cuenta de que lo importante no sólo está en la memorización de contenidos, sino en la construcción de una personalidad fuerte y competente para los tiempos que corren. El Gobierno de Canarias parece ser el pionero en la creación de materias de este tipo y en este 2016 los alumnos ya pueden estudiar la asignatura de "Educación Emocional y para la Creatividad". Todo un avance digno de mencionar que se justifica por la "necesidad de atender, desde un punto de vista educativo, al relevante papel que las emociones y la creatividad juegan en la escuela" y es que ¡buenas noticias! la empatía se puede practicar, aprender y hacer que forme parte de nuestra personalidad. Sólo hace falta disponer de la voluntad apropiada.
Como bien expresa la autora, "de nada sirve que alguien sea un buen orador, si no es capaz de darse cuenta de que lo que está comunicando no interesa. La empatía en acción nos lleva a innovar y nos hace más pragmáticos y exitosos. Más felices. Y además nos ayuda a que el mundo vaya mejor"
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